El inicio de la novela distópica

Música de fondo: Tierra Zanta- Trueno 

Es domingo por la tarde.

Armo el mate y pienso que con este sol y este lindo clima primaveral (en verano) vendrían bien unos pastelitos.

Me pongo las zapatillas y salgo.

La Plata es una ciudad llena de árboles, autos, gente paseando perritos, facultades y cervecerías.

Los domingos suele haber poca gente en la calle pero mucha en las panaderías.

Hago la cuadra que separa mi casa de la panadería cantando la canción que estaba escuchando la vecina, un poco asombrada de que no me cruce ni una sola persona ni un solo auto en el camino. Nadie.

Entro a la panadería, vacía. Les digo a las chicas:

  • Es domingo y no hay nadie.

  • No hubo nadie en todo el día.

  • En serio? No hay nadie en la calle tampoco.

  • Se ve que el discurso de la mañana fue desesperanzador.

  • Es un poco tarde para acordarse.

  • Si, muy tarde.

  • Bueno, gracias, las abrazo.

  • Chau bella, gracias por la visita.


Claro, no era cualquier domingo. Cada cuatro años el 10 de diciembre (Día de los Derechos Humanos) en Argentina asume quien fue elegide democráticamente como nueve Presidente-a de la República. 

Y las últimas elecciones habían sido hace un mes, y había ganado el fascismo neoliberal. 

Y toda una generación (o varias) miró atónita cómo no le alcanzó nada de lo que hizo para evitar que medio pueblo más un 12% votaran a un tipo que además de ser un inestable, basó su campaña en decir literalmente cómo iba a privatizar, a cerrar, a reducir, a hambrear a una sociedad que lo respalda llena de odio.

Nuestros ojos, nuestros oídos, nuestros corazones no podían entender cómo en el país de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo una negacionista sería vicepresidenta electa. Cómo nos negaban la historia, la memoria y la justicia.

El país del no me acuerdo. Que siempre se olvida de les mismes, les de abajo. Pero que siempre, también, resurge porque les olvidades  aprendieron que la única batalla que se pierde es la que se abandona.


Entradas populares