Esto no es una catársis
El tiempo de la revolución es ahora, porque a la cárcel no volvemos nunca más.
Estoy convencida de que el motor de cambio es el amor.
El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo.
Lohana Berkins
Ninguna gracia me hace tener que citar a la derecha. Ninguna. Pero en pos de una dolorosa sinceridad política me toca coincidir con quien ocupa el lugar de presidente de la Republica Argentina en este momento, y decir: no la ven.
Tan ensimismados en la lógica histórica de construcción de poder que miran pero no ven, escuchan pero no oyen, analizan pero no reflexionan.
Siendo las 22:05 del Domingo 26 de octubre de 2025, la fuerza interior que todo lo impulsa me llevó a sentarme en la computadora para intentar esbozar un análisis que pueda salir un poco de ese lugar común de vencedores vencidos, y devuelva unas frases que sirvan de inspiración para (ojalá) alguna autocrítica en las conducciones de los sectores populares.
El 7 de septiembre se alzó con una victoria rotunda en la Provincia de Buenos Aires el actual gobernador Axel Kicillof. Desde entonces, toda la campaña política quiso montarse sobre su victoria, esperando que esa lealtad al proyecto provincial se tradujera en una empatía nacional que empujara algún tipo de victoria.
Claramente no pasó.
El problema es que la militancia y la dirigencia peronista creían que iba a pasar, y ahora duelan un pueblo que otra vez no se siente representado en las nuevas figuras con idénticas prácticas.
Recuerdo a Néstor intentando explicar que el candidato era el proyecto. Después se murió, y nadie pudo volver a desarrollar una política seria que vislumbrara un país lejos de las disputas habituales.
Y volvimos al personalismo, la grieta, las discusiones acaloradas, los adjetivos poco felices y la resistencia.
En el medio se perdió la ofensiva, la coherencia a mediano plazo (ya ni largo), la capacidad de interpelar a nuevos actores y la profunda sed de transformar el mundo.
¿Por qué? Porque el campo popular está a la defensiva.
Y así, nadie va a escuchar tu remera.
1 La no grieta
La idiosincrasia Argentina tiene una cuota de fanatismo estructural sobre el cual tienden a construír todas las fuerzas políticas: Sos de Boca o de River, mate dulce o amargo, porteño o provinciano, unitarios o federales, dulce o salado, peronista o gorila, patriota o cipayo.
No hay grises, no hay posibilidad de diálogo. Sólo dos cosas pueden unir las dos partes antagónicas: un gran luto o una gran victoria.
Así, el pueblo toleró la diferencia cuando festejaba la victoria de la selección masculina de fútbol de mayores y cuando se murió Diego Maradona. Cuando murió Ángel Russo también. Y no, no es para nada casual que las cosas que unifican al pueblo estén atravesadas por el fútbol.
Nos hacen creer que las diferencias son irreconciliables, porque a la argentinidad se le atribuyen casi como un rasgos inherentes a su existencia la pasión y la lealtad.
El gran problema de esta fábula es la imposibilidad de construír propuestas superadoras que puedan interpelar a nuevos sectores de la sociedad. Cada quien habla con su grupo, su nicho.
Entonces, en cada elección se reparten los mismos porotos, cada partido tiene su piso y su tope, y la posibilidad de obtener nuevos votos está intrínsecamente vinculada al rechazo del contrincante.
Peligroso, porque no ganan los proyectos políticos en sí; incluso tienden a estar en segundo y hasta tercer plano, lo que gana es NO querer al de enfrente.
Este rechazo rotundo a la otredad marca varias carencias en el desarrollo cualitativo de la perspectiva política y social. La otredad no sólo molesta, sino que hay que derrotarla, humillarla y aniquilarla. En un momento histórico progresista esto es ganar unas elecciones, en un contexto más conservador puede significar persecución y muerte.
Así de endeble todo.
2 El problema de la dialéctica y la inconsistencia
Tan endeble todo, que un pequeño error puede costar una elección. No importa cuando lea esto.
Procederé a desarrollar un poco de reduccionismo histórico, como hacen todes todo el tiempo.
En 1983 el peronismo que parecía tener asegurada la victoria cometió una serie de errores tácticos sobre el final, coronando su autohundimiento con la quema de un ataúd de la fuerza opositora en el acto de cierre de campaña.
La discursiva de esas elecciones giraba en torno a cuán despegado de la dictadura cívico-religiosa-militar estaba el candidato de cada fuerza, y cuánto podía garantizar de “paz social y recomposición institucional”. El proyecto político, económico, geopolítico, bien gracias.
En 1999 la confusión era tal que había más candidaturas presidenciales que partidos nacionales (chiste). Y resulta que ganó una alianza endeble institucionalmente, endeble políticamente e invotable en cualquier otro contexto.
La discursiva fue que eran toda buena gente, con un candidato principal hiper expuesto mediáticamente, positiva y negativamente, con un discurso de salvación digno de una iglesia evangélica. Pecaré de redundante: el proyecto político, económico, geopolítico, bien gracias.
Con el diario del Lunes, las coincidencias en los planes económicos son numerosas. Un poco porque la conducción política estuvo a cargo del mismo partido, y otro poco porque el fanatismo por sostenerse cipayo hace que todo el tiempo la élite política se arrodille ante el imperialismo del dólar.
Es verdad que los mejores días han sido peronistas.
También es verdad que Juan Domingo Perón fue un gran estratega que pudo sintetizar las principales luchas históricas de la clase obrera, priorizarlas y ejecutar un plan a corto, mediano y largo plazo que permitiera generar estabilidad económica en la clase trabajadora y seguridad comercial a la industria nacional.
Cierra perfecto. El plan político-económico de las dos primeras presidencias peronistas plasma en la realidad y la subjetividad nacional la idea de que defender los derechos adquiridos no sólo implica una ratificación de clase sino también una muestra de lealtad a quien los otorgó.
Así, la discursiva es intrínseca: si hay derechos, hay peronismo.
El problema de esta afirmación es la construcción de esta dualidad, donde el enemigo ya no es sólo un partido político sino toda la comunidad que sostiene con su vida la lealtad a su máximo exponente
¿Por qué es un problema? porque para el ideario popular la única forma de mantener sus derechos y obtener nuevos es a través del peronismo, un movimiento cuya doctrina está íntimamente ligada a un entramado político de una época específica. Por supuesto, como buen clásico, El General es trasladable a otras realidades, pero no es suficiente.
El fanatismo de la grieta fabricada enquistó las posibilidades de generar nuevos espacios políticos que generen representatividad que dialogue con las nuevas problemáticas sociales.
Marx no vio el imperialismo. Lenin no vio el sistema financiero. Perón no vio el nuevo imperialismo monopólico que intenta imponerse en un mundo multipolar y diverso.
Las actualizaciones de las doctrinas quedan a libre interpretación. Problemón en la era de la decadencia institucional, el lawfare y el imperialismo narco.
3 Dónde radica la fuerza
La respuesta desde una perspectiva popular es obviamente el territorio. El punto es que el territorio ahora significa otra cosa, se organiza de otra manera y expresa su representación política en otros actores.
El cambio en la perspectiva de vida, comunicacional y aspiracional impuesto por el mercado, diversificó la posibilidad de injerencia en la subjetividad colectiva y en la opinión pública.
¿Cómo se dialoga con la inmediatez? ¿cómo se construye política en una sociedad mediada por la pantalla y construída desde la individualidad competitiva? No es la meritocracia el problema, es el sálvese quien pueda, o quién sepa cómo.
3.1 Municipios como territorios
La disputa histórica de este país es centralismo vs federalismo. Esta lógica se replica en todos los ámbitos políticos que existen. Quienes construyen la política desde una perspectiva dialéctica con los poderes locales logran garantizar no sólo la gobernabilidad sino también la estabilidad (al menos) a mediano plazo.
Los movimientos sociales surgieron durante una crisis del paradigma político-social que discutía de manera transversal y tajante las formas de construir y circular el poder. Su rol fue, justamente, funcionar como contrapoder al principio, para luego ser una especie de órgano revisor que a través de (los mejores, los únicos) los métodos piqueteros empujaban las decisiones políticas a la mejora de las condiciones materiales de los sectores excluídos.
El límite es visible: la imposibilidad de autosustentar las tareas que no son rentables en el mercado, la subsistencia de sus integrantes depende directamente de la capacidad de movilización y la buena voluntad (o no) de quienes gobiernan.
La imposibilidad no es estructural, es contextual. La economía popular, bien articulada en una red de intercambio y un circuito internacional de abastecimiento mutuo es no sólo viable, sino profundamente transformadora. La fase actual de un capitalismo hiper explotador y deshumanizante, un avance mundial de la derecha y la hiperconcentración del capital privado, junto con la derrota de los gobiernos populistas de Nuestra América hermosa lo hacen inviable.
Mientras esto sucedía, los gobiernos provinciales empezaron a derivar fondos a los gobiernos municipales, fomentando la réplica de estructuras socio-comunitarias que en un principio eran identitarias de los movimientos sociales. Así se afianzaron tipos de políticas de intervención territorial centralizada: la creación de programas que permitió replicar el mismo dispositivo en todos lados con altos grados de intervención territorial y financiamiento estatal, la absorción de los principales cuadros organizativos en las estructuras estatales y la creación de mesas interministeriales que replican la concepción de articulación interdisciplinaria también característica del desarrollo territorial de los movimientos sociales.
El Estado absorbió la práxis de los movimientos sociales, y le destinó recursos y espacios de gestión, otorgados a manera de “reconocimiento” a les principales exponentes de cada área.
La lógica combativa devino en intención de negociación y obtención de recursos.
Podría dedicar un apartado completo al rol de los sindicatos, pero qué esperar de la burocracia si no es la traición al pueblo. No lo digo yo, lo dijo Tosco.
3.2 La gestión
Si leemos con atención a Perón, su táctica de conducción tiene más que ver con fortalecer bases que respondan genuinamente a la dirigencia que con construír aparatos de representatividad. Muy claro lo tenía El General, el poder está en las bases. La tarea es convencerlas de que el peronismo es la UNICA opción para perpetuar una forma de vida digna.
Nótese que no dije “la mejor”, porque eso no importa, es la política el arte del convencimiento. Tampoco dije vida sin opresiones, el general no buscaba el fin del estado nación moderno, sino la dignidad de vida de la clase trabajadora. NO es lo mismo. Lea de nuevo. ¿vió? es radicalmente diferente.
Lo espectacularmente innovador de la gestión de Kicillof es que combina las perspectivas peronistas. Conduce a través de la gestión. En otras palabras: hace.
Constituyó una mesa de intendentes a los que les convida programas y recursos, mientras se sienta a dialogar. Asume su lugar como conducción provincial y destina recursos provinciales a solucionar carencias estructurales que el presupuesto municipal no puede afrontar, y además construye un espacio de diálogo federal para contribuir con el desarrollo nacional desde un profundo análisis de los privilegios económicos que implica conducir el segundo distrito más rico del país. Y además, contiene todas las privatizaciones nacionales.
El tipo es una mezcla argenta de Luke Skywalker y Tony Stark.
4 ¿Qué cambió desde el 7 de septiembre?
Cuestión entonces que, en Provincia de Buenos Aires, el candidato es el proyecto. El problema, a la vez, es que el único que comprende profundamente la complejidad del proyecto y tiene el autoestima suficiente para desarrollarlo sin titubeos ni competencias es Axel. Y así, otra vez, el candidato es el personalismo. Pero, en este caso, el problema es más de la estructura que del personaje. La complejidad del entramado político hace inviable la nacionalización del modelo, ¿por qué? porque no hay lugar para mezquindades. Hay que hacer lo que hay que hacer, que es básicamente superioridad ética, algo que el sistema político perdió hace bastante tiempo.
En este punto es, entonces, más que necesario afirmar que la derrota nacional de Fuerza Patria implica la derrota de las estructuras obsoletas de representación nacional de un peronismo desactualizado, y NO la derrota de la conducción del gobernador de la provincia de buenos aires, que supo alinear su conducción en pos de una victoria contundente en septiembre.
Lo que salió mal son las estructuras tradicionales y su falta de autocrítica.
Ahora,las perspectivas de análisis son más profundas.
En las elecciones de hoy el notable salto cuali y cuantitativo es el de Myriam Bregman, una de las pocas mujeres que encabezó lista y campaña (no es lo mismo) en su partido. Myriam es trotskista, pero es dialoguista, clara, contundente y profundamente feminista. A Myriam la votan les feministas, no sólo por ella misma, sino porque ATENCIÓN ningún otro partido expresa el más mínimo interés en representar la agenda transfeminista.
Y desde acá, párrafos que van a ofuscar bastante a los compañeros, esas masculinidades cis heteronormadas y los fanatismos que las rodean.
El régimen actual es profundamente misógino. Todo su relato está sustentado en discursos de odio direccionados al avance de los transfeminismos.
En este punto, si algune lectore está intentando responder que es un odio de clase, intentando contraponerlo al odio de género; sólo me resta decirle que relea los primeros renglones de este texto.
La cuestión de género es indivisible de la cuestión de clase. La clase trabajadora como la conocemos existe SI, SOLO SI existen las tareas de cuidado no pagas. SIN un patriarcado que garantice la invisibilización de la fuerza de trabajo de quienes ejercen las tareas de cuidado NO existe una estructura trabajadora externa.
No estoy inventando algo, estoy repitiendo por millonésima vez lo que gritan les compañeres desde hace cientos de años.
En octubre se duplicaron los crímenes de odio por género. DUPLICARON. Un femicidio cada 15hs. Incendios, palizas, criminalización de las diversidades.
El enemigo del gobierno actual somos los transfeminismos populares. Intentaron aleccionarnos con violencia los últimos 30 días de campaña electoral, y posicionamos como tercera fuerza en la ciudad más conservadora del país a la máxima representante del transfeminismo popular de izquierda radicalizada.
5. Lo de siempre
Llegó la hora, quizás, de complejizar las perspectivas de análisis.
Si adherimos al paradigma crítico, el eje principal de análisis serían las condiciones materiales de producción.
En los últimos 30 años las características de este eje cambiaron rotundamente.
Una reflexión materialista, crítica y dialéctica de la estructura político-económica de los Dosmiles nos enfrenta con una realidad incómoda: la capacidad reflexiva de las dirigencias políticas se ha visto sesgada por sus propios privilegios.
Para sorpresa de nadie, las fuerzas productivas del imperialismo actual se desarrollan en base a 3 factores: el excedente, el descarte y el extractivismo.
Las elites macroeconómicas ya no saben qué hacer con tanto dinero, la hiperconcentración de riquezas que facilitó el sistema financiero y su globalización a través del mercado de las billeteras digitales; generó un defasaje en la capacidad de consumo global que se volvió estructural. Todo el mundo puede comprar al menos algo, pero la población mundial no logra consumir ni la mitad de lo que el capital produce.
Esto monopolizó la economía global. No pueden dejar de producir, porque hay que sostener al menos una base mínima de empleo para el consumo; sin embargo esto genera pérdidas que se materializan en grandes montañas de excedentes, con mayor énfasis en las ramas textil y tecnológica. El factor descarte implica no sólo la apropiación de grandes parcelas en paises oprimidos para la construcción de grandes basurales a cielo abierto, sino también la producción de mercancías de poca vida útil y la creación de una industria del consumo y la moda que fomenten la falsa sensación de necesidad, el agotador anhelo por pertenecer y la rápida capacidad de desapego.
Cambiaron también las relaciones sociales de producción. Se produce en soledad, mercancía intangible (mayormente servicios), sin una verticalidad clara, sin identidad de clase y de gremio. Se mejoran las casas y no los parques, se multiplican las plataformas digitales y desaparecen los teatros, se busca evitar todo contacto humano y todo diálogo profundo
La única forma de que esta política económica funcione es la individualización del consumo, la competencia social, el desapego emocional y el descarte vincular. El famoso #soltar.
La monopolización es total: el dueño de la industria, es también dueño del basural, de los bienes comunes que garanticen su supervivencia (acá entran el agua, la montaña y el pasto que creés que es tuyo porque está plantado en el patio de tu casa), del banco a través del que percibís tu salario, de la tarjeta de crédito que usas para pagar en cuotas el supermercado, de la mitad de las acciones de la empresa de servicios más grande del mundo, de la plataforma que hace las series que más te gustan ver, de los grandes centros de préstamo internacional y del alma del político que se supone te tiene que representar. Eso de ser dueño de toda la cadena productiva quedó demodé, ahora la que va es ser dueño de todo lo que precisas para desarrollarte como ser humano.
Pero hay algo que no cambió. La gran base invisible que sostiene el éxito del modelo.
La feminización y racialización de la opresión.
El paradigma desde el que los sectores contrahegemónicos construyen su propuesta política pareciera ser contrapuesto, pero está enmarcado en el mismo método de análisis.
El mundo sigue siendo de los varones cis blancos heteronormados. El problema es que ellos no se autoperciben como parte de esa grupalidad. Y sin tésis y antítesis, la síntesis es un devenir imposible.
Resulta imperiosamente necesario para continuar con el desarrollo del artículo que nadie apele a la victimización ni a la culpabilización. Para la transformación social el análisis político responsable, para la culpa la religión.
Hay cada vez más trabajo no pago, más trabajo mal pago y más pobreza estructural.
Todes habitamos el mundo, pero no todes calificamos como seres humanos.
Y en ese punto parece que retrocediéramos mil años, para dar de nuevo aquellas discusiones que la Revolución Francesa nos quiso hacer creer que saldó, pero que sólo reforzaron la idea de que hay dos tipos de personas: las que el poder considera sujetos de derecho, y las demás.
Y ahí, entre las demás está ¾ parte de la población mundial, que cada vez que da un grito de libertad lamenta una vida: las mujeres, las identidades de género que agrupamos en “diversidades”, las personas negras, las personas que habitan territorios con riqueza estratégica o económica, las niñeces.
6. Otro plan
Hay dos cosas que afectan negativamente a las construcciones políticas y las enquistan: la imposibilidad de ejercitar la autocrítica sincera y el miedo a la pérdida de los privilegios.
El paradigma vigente no alcanza para hacer un análisis integral de la situación actual, ergo está imposibilitado de generar una respuesta innovadora. Hay que complejizar el paradigma. Agregarle una variable más. Hay que construír un Materialismo Dialéctico Transfeminista.
¿Por qué?
Porque el transfeminismo entiende, abraza y acompaña la otredad. La reconoce como posible, lucha por garantizar sus derechos y defiende su posibilidad de mantenerse como une “otre” en una sociedad que nos empuja a ser “nadie”.
El transfeminismo desde su concepción filosófica salda la grieta, no sólo porque entiende que hay un enemigo mayor, sino porque se entiende a sí mismo como un paradigma político en proceso de construcción, que se alimenta de las voces que lo componen y también de las que lo señalan; y que, por sobre todas las cosas, abraza la noción de contradicción.
El transfeminismo popular reconoce estar integrado por seres contradictorios socializados en una lógica patriarcal, mercantilista e individualista; y desde ese lugar cuestiona los parámetros preestablecidos, desde una pedagogía del diálogo, la ternura y el cuidado mutuo. O al menos lo intenta.
El método transfeminsita nos interpela todo el tiempo, nos encuentra con nuestros privilegios, nuestros fantasmas, nuestros traumas y nuestros sueños; los mira a los ojos y les pide que hagan el esfuerzo por no seguir reproduciendo lógicas violentas y opresivas.
Y en ése recorrido dialéctico tuvo que revisar sus errores y recalcular, para abandonar el sexismo
y reconocer en la otredad opresora, en ese patriarcado que se materializa en personas, sujetos de derecho que son también resultado de la misma socialización, y así ampliar las fronteras de transformación tendiendo puentes de diálogo y análisis.
El transfeminismo popular asume la contradicción y la responsabilidad política de transformar a la sociedad toda, en pos de un mundo más vivible. Ejerce la política desde su connotación más inicial y marxista: analiza la realidad social desde la dialéctica materialista y busca convencer a las otredades de sumarse a su visión de mundo.
Pero, además de la clara marca de género y clase, el transfeminsimo popular aporta dos ejes FUNDAMENTALES para la emancipación: la interseccionalidad y la transversalidad.
El reconocimiento y validación de la otredad no nos homogeniza, nos diversifica. No busca generar un espacio homogéneo de pensamientos ni una igualdad idealista, busca el buen vivir en la complejidad de conocer, validar y hermanar luchas aparentemente diferentes pero profundamente iguales. Y es desde esta perspectiva que construye lineamientos transversales que sean lo suficientemente claros y generales como para luego adaptarse a las características locales. Por eso, si bien el contexto a veces materializa las cosas como puede o como nos dejan, el objetivo no es sectorizar nuestra lucha, el objetivo es que la perspectiva interseccional del transfeminismo popular esté presente en todas las luchas.
La diferencia es clara: el patriarcado nos ofrece entes reguladores que obliguen a las instituciones a cumplir leyes específicas del “sector”, nosotres queremos que las instituciones tengan dentro de sí mismas equipos multidisciplinarios que garantices que todo lo que sucede tenga perspectiva de género.
Porque no somos un sector, somos literalmente la mitad del mundo. Porque no somos un “movimiento” somos un paradigma revolucionario.
Nota al pie
El conocimiento es una construcción social. Todas y cada una de las palabras y reflexiones expresadas en este texto son propiedad intelectual colectiva, porque son resultado del proceso de socialización que constituye mi identidad. Aquí están todas las personas que leí, todas las personas con las que construí política, todas las discusiones familiares, todas las charlas con amigas, todos los debates en espacios de trabajo.